Cuatro Décadas Oprobiosas

La administración política venezolana bajo el dominio de los Estados Unidos y de la oligarquía parasitaria, condujo el país sobre las bases establecidas en la Doctrina Monroe. De aquí se sustenta la traza del Pacto de Punto Fijo. El resto de esta historia, la conocemos de sobra: tortura, desaparición, asesinatos selectivos, muerte; mientras más cruel más muerte  y dolorosa fue practicada la muerte.

En 1958 cuando se promociona la pusilanimidad representativa.  Hacía rato que los adinerados, habían sido cogidos por los más conspicuos bandidos estadounidenses y europeos. ¡Así discurrió nuestra historia! Una vez que se dejaron coger, tomaron la alianza y el protectorado de los Estados Unidos  y Europa occidental. Esta alianza se fue profundizando y perfeccionando, bajo las políticas  de sojuzgamiento rastrero y la vocación asesina asumida por el régimen puntofijista. Más  bien, sobre la base de esa vocación, una minoría proporcionalmente insignificante, esgrimió como ley de vigilancia social, la aniquilación de las tesis confrontadas. Esto se refiere, en mayor medida a las representaciones políticas reconocidas directamente como antagónicas del perezjimenismo: en lugar de las botas militaristas la renovada dictadura maquillada de democracia, ejecuta una serie interminable de crímenes durante cuatro largas décadas. En su nombre, en lugar del yugo militar se implantó el yugo puntofijista. Desde este ángulo existen diferencias básicas entre las premisas de dominación ejercidas por el gobierno militar y la dictadura puntofijista. Diferencias relacionadas a la sumisión plasmada por la dominación capitalista y la criminalidad diferenciable entre el régimen militar (1952 – 1958),  las décadas oprobiosas  (1958 -1998) y el disfraz democratizador, rubricado como medio de revelar las grandes configuraciones y poderes de la mentira. En relación a los objetivos políticos del puntofijismo y sus diferencias me asalta un recuerdo entre muchos recuerdos paradigmáticos: “La revolución burguesa se limita a sustituir en el Poder a un grupo de explotadores por otro grupo de explotadores” 1. Esa fue sin más la diferencia entre la dictadura perezjimenista y la puntofijista. Y estos fueron los interlocutores que legalizaron las cuatro décadas oprobiosas: por Acción Democrática firmaron Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios: por Unión Republicana Democrática: Jóvito Villalba, Ignacio Luis Arcaya, y Manuel López Rivas: por el Partido Social Cristiano COPEI, Rafael Caldera, Pedro del Corral y Lorenzo Fernández.

Con extraordinaria lentitud y en condiciones sumamente difíciles se activó el desmoronamiento político y el atraso del desarrollo industrial de Venezuela. Más tarde, en 1963, cuando, alguna vez, se discutía el futuro de la “democracia”, examinamos lo difícil  que se hizo la disputa política. Las reflexiones referían gobiernos dignos de lamentar. Naturalmente que, en este sentido, basándonos en los pocos logros obtenidos en las décadas oprobiosas, pensamos: aun nos queda mucha tarea por hacer en el campo político, económico y social. También afirmamos qué, de todo cuanto existió en las décadas oprobiosas, la economía constituye un dislate propagado por el afán de lucro, suscrito en el Pacto de Punto Fijo. Por consiguiente, junto muy junto a estos infames vestigios, los firmantes tomaron prestada la individualidad y la violación de los derechos fundamentales; asumiendo y vigorizando, actitudes inadmisibles para la persona humana. Obviamente, la característica esencial de los signatarios del Pacto de Punto Fijo fue la de sepultureros: enterraron las esperanzas democráticas al tratarla como un concepto administrativo de gobierno no social; intrínseco al espíritu del consumismo, conformado para darle rienda suelta a la obsesión de poseer objetos.  Es evidente que la adquisición de valores ajenos, desarrollados alrededor de un conflicto entre la democracia catequista y la ideología de izquierda revolucionaria; se ejecutó para la satisfacción de los intereses económicos de Estados Unidos.

Como bien sabemos, hay una gran cantidad de evidencias, sólidas y sustanciales de la criminalidad puntofijista. Aunque las evasivas del origen y la creación de la violación de los derechos humanos sean tesis antepuestas a la realidad histórica y la palabra apañada. Y son estas evidencias las que expresan el acontecer subjetivo y objetivo, el estigma interno y externo; correspondiente a la lucha contra el pueblo en general y las organizaciones de izquierda en particular.  En efecto, involucraron la cultura de la violencia, la criminalización de los pueblos y la distorsión de su mediatez.  Si se concibe en el sentido literal, inequívocamente hablando, podemos recordar una reflexión  cedida por,  Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin: “la revolución burguesa no puede agrupar en torno de la burguesía, por un periodo más o menos largo, a los millones de hombres de las masas trabajadoras y explotadas, precisamente porque se trata de trabajadores  y explotados…”

En la aspiración de crear un Estado administrativo, organizado para la satisfacción de sus intereses, se inicia el maltrato económico y la represión de las libertades civiles con una mortífera señal. Que, una vez, transmitida da inicio al acaparamiento, la especulación, la usura y la defunción del modelo político democrático.  Esta condición paralela a la muerte surge cuando   los influjos de sobresalto social fueron proyectados sobre el control de la sociedad de consumo  y su cualidad sicológica. Extraída de la inmediatez después que  la directiva puntofijista asumió  las órdenes emitidas para controlar y aterrorizar al pueblo desde el punto de vista de la violencia y su abreviatura muerta: sonidos de las balas, aullidos de la tortura, denotación de la asfixia que encubre la represión y los genocidios iniciados y continuados por: Rómulo Betancourt Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins,  Jaime Lusinchi, y Ramón J. Velásquez.  Si revelamos las identidades de estos genocidas nos cabria averiguar por qué  jamás se arrepintieron ni se retractaron de los crímenes cometidos en sus respectivos gobiernos. Ellos representaron una etapa intermedia y violenta, que el fascismo democrático debe atravesar para llegar al control de la sociedad en general: “disparar primero y averiguar después” 2. De esta manera, cada violación asestada a nuestro pueblo, y cada peligro que lo amenaza, puede como de hecho lo hizo; a través de la expansión y la culpabilidad del círculo policial – militar: amedrentar y trucar el razonamiento ideal de la convivencia social. Hasta personificar la explotación y la involución de la sociedad, caracterizándola como “democracia ideal”, mediáticamente hablando. Si bien,  la trayectoria recorrida se piensa mientras no se habla y no abruma:

Las multitudes empobrecidas que se interponen al desarrollo del capitalismo son sujetos desechables sobre quiénes   se debe activar el alza de los precios, de los bienes y  servicios: sobre esta condición dominante, se planificó, una vez derrocado Marcos Pérez Jiménez, un paquete de medidas  para   exagerar los precios de los alimentos básicos en lo particular y el costo de la vida en general.

Naturalmente, el asalto a los dólares producidos por la renta petrolera fue planificado por la oligarquía parasitaria, Acción Democrática, COPEI, Unión Republicana Democrática y los Estados Unidos. Esta acción extensiva del dominio ideológico, se inicia inmediatamente después de la firma del Pacto de Punto Fijo.  Los partidos políticos, una vez cartelizados, establecen las condiciones estatutarias de los intereses políticos, sociales y culturales que regirá el dominio de los beneficios: científicos, técnicos, deportivos, educativos policiales, urbanísticos, económicos. etc. Este cartel controló todas las formas de libertad, la multilateralidad del tutelaje yankee, los conflictos producidos por la violación de los derechos humanos y la participación política en general. Estas realidades fueron generadas deliberadamente  por el gobierno de Rómulo Betancourt cuando criminalizó la contradicción entre las tendencias de liberación del pueblo venezolano y las manifestaciones criminales del gobierno puntofijista: este cartel sigue coexistiendo en un mundo político inexistente mientras sus responsabilidades históricas permanecen incumplidas cobardemente. Todavía, como lo hacían en el pasado, merodean la noticia, utilizándola como instrumento de propaganda, panfleto y política de guerra prolongada. Creadora de la maldad como ideología dominante en sí misma y en toda arbitrariedad no reconocida desde la dañosa   firma del Pacto del Punto Fijo.

En el puntofijismo, la oligarquía parasitaria perfeccionó  la tendencia de “gobierno mercenario”. Esta característica respondió a la configuración de la catarsis y la ingenuidad “democrática”; sobre la cual, el pueblo venezolano, debía ignorar la dirección y los fundamentos genocidas que tomarían los apátridas puntofijistas. Las exigencias genocidas desnaturalizan los crímenes cometidos por los firmantes del Pacto de Punto Fijo y todos sus cómplices. Y así hablan y distorsionan las querencias del pueblo, cada vez que hablan de los movimientos sociales y de los acontecimientos como una conspiración de extrema izquierda descubierta en secreto. Inclusive, no tienen reparo en atacar al pueblo que por temor, vive temiendo las torturas y las muertes. En realidad, los firmantes del Pacto de Punto Fijo encubrieron sus verdaderas intenciones; según se iban desarrollando las condiciones de guerra prolongada, la realidad era falseada; falseándola como arma de exterminio contra aquellos que deseaban exterminar y contra los que desearon asesinar. Del mismo modo, desde los Estados Unidos, se prefiere el poder de la desmesura económica sobre el bienestar de nuestros pueblos. A la prioridad de la economía se le transversaliza el dualismo monoteísta entre el bien y el mal, de la consumación de este hecho, se satisface la configuración mítica primaria de la economía como dios de la explotación y su valoración  concreta e individual. La primera lectura de este escenario tiene sabor a materia prima, despojo y fatalidad.

Venerado el suelo nos hicieron ignorar el subsuelo, contraviniendo y ocultando que: “… conforme a las leyes, las minas de cualesquiera clase corresponden a la República…” 3

1 Stalin: Cuestiones del leninismo, pág. 173, ed. Problemas, Buenos Aires, 1947.

2 Romulo Betancourt: El 17 de noviembre de 1961 anunció  con este alarido la doctrina policial y la violación de los derechos humanos fundamentales.

3 Decreto del Libertador Simón Bolívar de 24 de octubre de 1829.

Continuará…