Golpe de Estado (II)

Cuando el parapeto ese que se denomina democracia, entrelazó la ejecutoria, en la cual se ordena, la servidumbre de los gobiernos lacayos al teatro de representación de los Estados Unidos de Israel. La Organización de las Naciones Unidas y la democracia, empezaron a supurar la hediondez que la caracteriza: llagada y maloliente lanzó “piel de zapa” sobre la República Bolivariana de Venezuela.

El fraude electoral repartido en la ONU por John R. Bolton, embajador de USA ante las Naciones Unidas es el fraude de un narcotraficante, protegido del senador Jesse Helms y los gobiernos republicanos desde principios de 1989. Este traficante de tóxicos, encubierto como embajador, nos ha permitido presenciar la mayoría de edad de la Revolución Bolivariana.

Ezequiel Zamora

En la ONU se libra una batalla conspirativa donde la Patria Grande vive; por enésima vez, el irrespeto del Gobierno de los Estados Unidos de Israel sobre los espacios de creación y significación del derecho internacional y el libre albedrío de los pueblos. Quienes testificamos la manipulación electoral acordada en contra de la República Bolivariana de Venezuela, vimos a John R. Bolton y sus secuaces protagonizando la más mísera operación de nepotismo en contra de sistema de votación alguno. Jamás, un episodio histórico se benefició con la fortuna de ver y oír la máscara que encubre el rostro de la “democracia”. Vimos y oímos el punto de partida de una voz fascista… impregnada de expresiones malévolas y directas: tan directas que sonaban urgentes; tan urgentes que televisaron las amenazas de John R. Bolton contra la “libertad” del voto; no sólo señalando el fondo sino la forma del ¡como! se contrasta, emprende y determina, la desestabilización y la desarticulación de los pueblos amenazados por la política de dominación impuesta por los Estados Unidos de Israel.

El sabor de los cambios es inconfundiblemente sorprendente. Ayer teníamos los organismos multilaterales, la economía y la política concebida sobre la fuerza ideológica y la hegemonía del capital financiero, organizado, unificado y encubierto; alrededor de las corporaciones transnacionales: OTAN, Fondo Monetario Internacional, etc. De este modo fue posible el ocultismo que consolidó el sistema político democrático como sistema fascista pasivo y sistema de dominación ideal. Hoy tenemos los temores que reproduce la democracia – guerra fría – sin otro canje que el de Fidel Castro y Cuba, adheridos a la República Bolivariana de Venezuela y Hugo Rafael Chávez Frías.

Los pueblos con la experiencia de las miserias y los desequilibrios históricos, otean el bloqueo, las invasiones, los genocidios y los proyectos de desestabilización de día y de noche en cada situación y por separado. No sólo en lo que respecta a la oposición como operaria de la sedición decidida por los Estados Unidos de Israel sino en todo lo que se relaciona a los lacayos que asumen el protagonismo del golpe de Estado.
Los macilentos que asumen la oposición de la Revolución Bolivariana, dentro y fuera de la Patria Grande, padecen, la locura que reproduce el efecto del odio que Estados Unidos de Israel apuntala en la destrucción de Cuba y Venezuela. Claro está, que el carácter dialéctico del Poder Popular debe obrar conforme a sus propios intereses, a menudo con las armas en el regazo.

Un golpe de Estado se fragua. Una sangrienta represión disimulada de intervención mediática, electoral, militar e internacional de “paz”; comienza a florecer en nuestro horizonte; bajo la sombra de nuestras debilidades y nuestro triunfalismo. La ecuación es simple y directa: debemos prepararnos para resistir el golpe de Estado que se aproxima como guerra de cuarta generación.

Una mirada de desconcierto en el poder popular, reproduce una manera de crecer sin ideología ni organización; mientras la guerra sicológica posiciona el fondo de la imaginación de los dioses, los héroes y los villanos (trama conceptual de la democracia buena y la revolución mala), sin que nadie aviste la trampa en la que se encandila la revolución.
En efecto, la democracia es travestida en su naturaleza en cuanto al objeto de los intereses dominantes, embellecidos por los medios de notificación impresos y radioeléctricos. En esencia, la política asumida por la “democracia” es fascista en cuanto a la ley fundamental de la dominación impuesta como ley de consumo y colonización.

La consecuencia de las apariencias, acordadas — efecto y esencia — para favorecer los beneficios que produce el sistema político democrático es la mayor confesión de autocracia hecha desde el genocidio realizado en Hiroshima y Nagasaki por el imperio estadounidense; comparable a la colaboración de la ONU en la invasión y destrucción de Afganistán, Irak y el Líbano; equivalente a la complicidad política impuesta por los Estados Unidos de Israel en contra de la República Bolivariana de Venezuela desde el pasado 06 de octubre de 2006 en la Organización de las Naciones unidas.

Con la llegada de los genocidas que representan los Estados Unidos de Israel; la prensa, la radio y la televisión se mantienen atestadas de veneno en toda la anchura del fascismo democrático que representan. La invasión de la conciencia colectiva de los pueblos retrocede poco a poco y la Revolución Bolivariana tiene el deber de reintegrarse a la cultura defensiva, dejando para el pasado la cultura discursiva: protegerse para protegernos es la única alternativa con la que vamos a preservar la memoria de nuestros pueblos.

La subordinación del sistema político democrático a las leyes que preservan los golpes de Estado, no diferencia la personalidad ni la responsabilidad del fondo y la forma de las condiciones objetivas de dominación global. Este estadio de cinismo pregona la no existencia de diferencias entre la explotación de los seres humanos y la “guerra preventiva” declarada por los Estados Unidos de Israel y el carácter brutal de las estructuras militares que protegen el imperialismo. El vendaval de la opresión todavía se establece en zonas claramente diferenciadas por la institución del tener y el ser: Estado — nación dominante y colonias dominadas. En otros términos el carácter particular del imperialismo reside en el principio de la triple identidad: sistema político democrático como estructura legal de la explotación fundamentalista concientizada por el tener (acumulación de capital); sistema de poder imbricado en el mundo de las apariencias como unidad cómplice de las leyes de la colonización exterior e interior; y unicidad en el sentido de los acentos y las pertenencias del crecimiento capitalista y su triángulo imperialista: Estado Unidos de Israel, la Comunidad Europea, Japón… y los lacayos que todos conocemos,

El carácter de las nuevas interrogantes planteadas por la Revolución Bolivariana contrasta la homogeneidad de las transformaciones socialista: tema, teoría y forma con el sentido de fondo: disposición y relación de los elementos formales y estructurales resultantes de la lógica interna necesaria en el avance dialéctico de la transformación socialista.

Golpe de Estado (I)

Hoy día tenemos ante nuestro destino dos pares de doctrinas junto a un rostro íntimo: el de la fricción que surge del terrorismo de Estado y el fascismo democrático; y el del control mediático (ficción) que se ejerce a través del sistema electoral y el Derecho como instrumento de dominación.

Las doctrinas en cuestión, apostillan, envueltas en el rostro íntimo del sistema político democrático y los autorretratos de las identidades y la cultura del lacayo que lame los intereses de los Estados Unidos de Israel; en medio de la íntima identificación de los golpes de Estado y las invasiones ejecutadas en América y el Mundo.

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El sistema político democrático, muy a pesar de la miseria económica que produce el degradado mundo que lo acompaña; sigue siendo un retrato o el autorretrato de la expoliación que enriquece sin motivo y hace miserable a los pueblos. Sobre esa actividad expoliadora, nace, crece y se desarrolla la hegemonía del american way of life.

Por haber aprendido a una edad tardía el principio básico de la expoliación podemos analizar, ¿cómo fue qué la “democracia” trasladó la riqueza de los pueblos a los organismos financieros que la controlan? De seguro esta actividad expoliadora se consolidó, poniéndose de acuerdo con las oligarquías que históricamente traicionan y venden sus pueblos de origen: una vez profanada la realidad sustantiva de los pueblos, resolvieron, manipulando el terrorismo de Estado, la servidumbre de la clase media profesional y la burguesía a los golpes de Estado buscados y al fascismo democrático elegido.

Si analizamos, por ejemplo, el rostro íntimo de la doctrina democrática y hurgamos en la tonalidad del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. ¿Qué vemos qué no sea un pueblo con las libertades acosadas en nombre de una minoría representada por la clase media y la oligarquía? ¿Qué vemos cuándo recordamos la imagen trágica de Salvador Allende con un casco de minero y una ametralladora en sus manos de estadista y humanista? ¿Qué vemos qué no sea un retrato, o el autorretrato del terrorismo de Estado y el fascismo democrático; obligatorio y coactivamente ordenado? ¿Qué vemos, qué no sean finalidades políticas, económicas y militares hegemónicas? ¿Qué vemos? Qué no sea Chile azotado por la violencia; entre tanto se acentúa la tortura y la muerte; ahí donde los Estado Unidos de Israel y sus lacayos se debaten entre la miseria y la violencia. ¿Vemos o no vemos? Las calles de Chile ensangrentadas, según el amo del golpe de Estado retratado, es la de un autorretrato: Chile, el de Salvador Allende y sus mártires, encuentra los acentos de los héroes que iban y venían en una sociedad establecida con la sangre de la resistencia interrumpida por los velorios y los entierros: Chile, defendiéndose del genocidio desde el horror desatado para desautorizar el proceso de liberación iniciado en 1971: Chile, defendida por la voz inalterable de Víctor Jara; a pesar del dolor que causa la muerte de cientos de miles de voces ahogadas en sangre: Chile, matizada por reclusiones forzosas; con la prensa censurada y el odio político arraigado.

Al recordar el golpe de Estado perpetuado por los Estados Unidos de Israel y la Fuerza Armada chilena, estamos rememorando, uno de los tantos crímenes de lesa humanidad ejecutados contra nuestros pueblos desde las entrañas de la explotación y la dominación que arrecia la “Doctrina Monroe”.

Unos cuantos lustros después del sacrificio chileno, los rostros de los protagonistas aparecen fusionados en un retrato reproducido en la República Bolivariana de Venezuela: retrato que es simultáneamente un autorretrato del golpe de Estado planificado para abortar la Revolución Bolivariana como abortado fue el proceso revolucionario chileno.
La responsabilidad del sistema político democrático en la realización de los golpes de Estado, ejecutados en las colonias del imperio estadounidense, supera todo el sentido trágico de la intimidación de los pueblos y la organicidad fascista de siglos de dominación. Asegurar que los Estado Unidos de Israel planifica otro golpe de Estado en la República Bolivariana de Venezuela no es una diatriba anti – yankee. Es una verdad, devastadoramente cristalina tanto en el pasado chileno como en el presente de la Patria Grande Bolivariana.

El golpe de Estado cobra vida. A él se adhieren los lacayos de los Estados Unidos de Israel; allí, donde se planifica y se ordena el asesinato moral y físico de quienes se oponen a su hegemonía fascista. Estos genocidas no distinguen entre los pueblos, grupos de resistencia, gobierno, militares o espectadores. Solo manifiestan, inconfundiblemente y sin decoro la naturaleza genocida que los posee en cuanto a lo militar (golpe de Estado) y el miedo (tortura y muerte). Los golpes de Estado planificados por los Estados Unidos de Israel son una extensión del aparato industrial que construye las condiciones imaginarias de intervención militar (guerra preventiva). Su aparición como definidor político, económico y militar trasluce todo el universo adaptado y sistematizado por preceptos jurídicos; armonizados para ocultar la expoliación que encubre el sistema político democrático a través de la invasión militar, mediática y tecnológica.

Gran marcha en Caracas

Los golpes de Estado se apoyan en el Derecho normativo para convertir los genocidios en actividades legales; circunscritas al derecho que monopolizan los organismo multilaterales, los Estado Unidos de Israel, la comunidad Europea y todos y cada uno de sus lacayos: ordenada como elemento de desestabilización y desarticulación de los procesos revolucionarios.

Es evidente que el sistema político democrático ha encontrado el partido político ideal — medios de comunicación impresos y radioeléctricos — dentro del universo de la ficción que descubrimos y recordamos. Por otra parte, ese partido político, constituye la columna vertebral de la desestabilización y la desarticulación necesarias para que el golpe de Estado cumpla y desempeñe su papel genocida. Con la única salvedad de la resistencia obstinada y apasionada de cada ser humano bolivariano.
Resistir… sublevándose y deteniendo, las acciones sangrientas del golpe de Estado; y combatir, obstaculizando las relaciones que transforman el golpe de Estado en la panacea de los portavoces de la tortura y la muerte es la única salida digna posible de la Patria Grande. Dejémonos de tonterías, el escenario del próximo golpe de Estado es la República Bolivariana de Venezuela. El sátrapa que lo ordena y lidera, ejerce la misma furia que ejercía el sistema de poder que ordenó el golpe de Estado en Chile. Los sátrapas que representan a los Estados Unidos de Israel son los mismos genocidas que, ensangrentando Chile con la muerte y la tortura disfrutaron de ella… como la piensan disfrutar, sí se lo permitimos en la República Bolivariana de Venezuela.

La vida de los pueblos es la suma de sus destinos siempre y cuando se mantengan a salvo de los golpes de Estado; las invasiones y los accidentes — desestabilización y desarticulación — que erosionan y detienen los procesos revolucionarios. La proximidad del golpe de Estado organizado por los Estados Unidos de Israel en la República Bolivariana de Venezuela requiere de la resistencia del pueblo revolucionario.